febrero 17, 2008

La rara especie del marchand

Tiene 38 años y una ocupación poco convencional: representar artistas plásticos locales y lograr que sus obras lleguen al circuito comercial, al peculiar mercado artístico. Aquí, un retrato de este nuevo gestor cultural que instaló su propia oficina de arte.

Van Gogh tuvo una existencia de miseria mientras intentaba triunfar como pintor. Se cuenta que sólo vendió un cuadro en su vida. En 1890, se pegó un tiro en pleno ataque de locura. Dejó, por ahí, más de 2.000 obras. El siglo XX, sin embargo, lo convirtió en un ícono cultural. Y en los ’90, por ejemplo, su “Retrato del Doctor Gachet” (inspirado en un médico que lo atendió cerca del fin) se vendió en 82,5 millones de dólares.

La charla con Daniel Augusto Rueda nos puso a reflexionar sobre uno de los mercados más peculiares que existen, el mercado del arte, donde los bienes que se compran y venden no son producidos por negociantes sino por realizadores de ideales estéticos. Todo un tema para hablar con un art dealer.

El difícil arte de vender arte

Hace tres años, un joven abogado originario de Alvear, Daniel Augusto Rueda, tuvo una visión: decidió desenfundarse de su traje estándar, dejar de respirar expedientes y lanzarse a una aventura laboral, extraña por estas zonas: la de convertirse en marchand, en art dealer. Puede decirse, quizás, que la idea siempre estuvo ahí - flotando en ese limbo comercial donde ha subsistido por años esa especie de “proto mercado de arte local”- buscando a personas como Daniel.

Empezó así: “Fernando Donati, un artista y amigo personal, me pidió que organizara una muestra aquí, en la ciudad. Sorpresivamente, se convirtió en un éxito de venta: de 16 obras, vendimos 14”. Eso fue un inicio, pequeño pero necesario para despertarle una estrategia. ¿Con qué contaba entonces Daniel Rueda? No era un millonario ni un coleccionista, ni tenía en su patrimonio galerías de arte. “Era un apasionado de la pintura, eso sí, y una persona muy vehemente”. Aprovechó su formación legal (de hecho, fue secretario de la Federación del Colegio de Abogados) y su experiencia en áreas comerciales (trabajó en Citibank, por ejemplo), para ser un art dealer full time. “La idea, desde el principio, fue servir de nexo entre artistas y público, lo que hoy puede etiquetarse como ‘gestión cultural’”.

-Entonces, ¿cómo pensaste tu estrategia para entrar en el circuito?

-El primer planteo que me hice fue el de transmitir profesionalismo. Éste es un rubro que, localmente, es visto y practicado

-no siempre pero sí muchas veces- como un hobby. Yo intenté algo distinto.

-¿Y qué implica ser un marchand profesional?

-Creo que, básicamente, se trata de hacer dos apuestas, algo que, por supuesto, implica mucho riesgo: una es la inversión fuerte (en página web, viajes, gestiones, espacios) y otra, la dedicación exclusiva.

Eso significa, entre otras cosas, llevar una rutina delirante: vivir cuatro o cinco meses fuera del país, haciendo contactos, llevando muestras, entregando catálogos, recorriendo galerías... “Hay días que llego agotado después de una jornada completa (audiencias con críticos, galeristas, museos, posibles sponsors) y tengo que ponerme el traje, la mejor cara, y salir a una cena de gala o a una inauguración, porque es parte del oficio. Allí actúan las relaciones públicas y ahí tengo que estar yo, con mis catálogos verbales a cuestas y con mi fe en lo que hago”.

Desde que empezó la cruzada, allá por el 2003, el impulso de Rueda ha llevado a varios artistas mendocinos (nombres como Orlando Pardo, Antonio Sarelli, Alberto Thormann, Cristóbal Peña y Lillo, Osvaldo Chiavazza, Laura Hart, Vivina Herrera, Juan Castillo, etc) a una cantidad considerable de muestras nacionales e internacionales, ferias, acciones de difusión de arte, disertaciones y eventos relacionados con el concepto triple de plástica-vino y turismo.

-En tu catálogo figuran tanto artistas de trayectoria como nombres desconocidos. ¿De qué criterios te valés?

-Me importa tanto la calidad artística como la calidad humana de las personas con las que trato. Yo ofrezco sinceridad, claridad absoluta en lo comercial y un programa de difusión que va más allá de la simple compra y venta. Existe una clasificación para orientar un catálogo: hay artistas con trayectoria (lo que implica premios importantes, y un sinnúmero de muestras), hay artistas intermedios (varias muestras individuales y muchas colectivas) y hay artistas emergentes (los que llevan recién pocas muestras colectivas o ninguna pero demuestran constancia, trabajo, dedicación y mano).

-¿Y cómo se establece el valor (la cifra concreta) de un cuadro? Porque te habrá pasado eso de que un artista llegue por primera vez a tu puerta, con la obra a cuestas y te diga “mirá, no tengo idea cuánto vale”.

-Sí, claro, es lo más frecuente. Yo dejo en claro que no soy crítico ni tasador, así que siempre busco muy buen asesoramiento. Por supuesto que en el tema de los valores entra en juego el espertizaje, algo que seguirá dependiendo de la combinación de muchos factores: trayectoria del artista, autenticidad, tema, medio, estado, tamaño, historia, estilo, fecha, rareza y calidad . En esta última cuestión, claro, está el aspecto más subjetivo, la calidad es una opinión, aunque una opinión compartida por muchos.

Destinos

La ambición de llevar la plástica mendocina a la escena nacional y al exterior, de “traspasar el arco” como suele decirse, fue un desafío cumplido. En agosto y octubre de 2006, dentro de un club exclusivo en Marbella (Los Naranjos Golf Club), Daniel Rueda realizó dos muestras acompañadas con degustaciones (“un vino nuevo también es una obra de arte”) donde difundió varias obras locales. “Para mí fue un orgullo: estábamos junto a un club donde se exponían Rolls Royce, entrando a mansiones inimaginables a las que yo llegaba, silenciosamente, para colgar cuadros mendocinos, incluso de artistas emergentes, que se habían vendido en esa muestra.”

Antes, la experiencia había funcionado en Punta del Este, precisamente en la galería GrilloArte. Allí, por fortuna, algunos de los plásticos que fueron expuestos quedaron en el staff permanente.

-Punta, Marbella... Parece el mejor trabajo del mundo: una ruta de destinos top.

- (risas) Sí, eso parece, la gente cree que has estado allí pasándola bomba. Y no, estás meses y meses trabajando. De playa, un día y listo. Busco destinos donde haya poder adquisitivo real, para retroalimentar el proyecto y para beneficio de los artistas. Ellos, sobre todo, quieren pintar, pero también tienen que vivir.

Entre tanto, Rueda también ha organizado homenajes: “Es una forma de retribuir a los maestros lo que nos han dejado”. Un tiempo atrás, llevó a cabo la muestra conjunta “Spilimbergo y Pardo: maestro y discípulo”, oportunidad para honrar a ambos, el tucumano y el mendocino.

Hubo, también, un reconocimiento a Josefina Robirosa.

-¿Cuál es el próximo proyecto?

- A partir del 6 de marzo, en una coproducción con el MMAMM, inauguramos un homenaje a otro gran maestro mendocino, Roberto Azzoni.

Con esta devolución, la gestión independiente de Rueda celebra tres años de intenso trabajo y de pasión permanente. Mariana Guzzante - mguzzante@losandes.com.ar

Fuente: http://www.losandes.com.ar/notas/2008/2/17/estilo-257269.asp