febrero 19, 2010

Inversiones: el mercado del arte

Es difícil comprender un mercado que se mueve sin grandes titulares, o vidrie­ras masivas, pero no deja de ser impor­tante, no sólo por los valores que se ma­nejan sino por los nombres que suelen estar involucrados, que son los más im­portantes de la sociedad mendocina.
Estamos hablando de la compraventa de obras de arte, sin dudas un rubro ex­cesivamente subjetivo, donde las valora­ciones dependen de gustos personales o de modas, tendencias, amistades, o hasta deseos de ser o parecer.

Al realizar esta nota comprendimos que significa penetrar en un mundo suma­mente complejo, con muchas miradas diferentes, que de ninguna manera se agotan en esta, sino que constituye un aporte parcial sobre un universo de varia­dos participantes. Este incluye a los ar­tistas, tanto los tradicionales o clásicos como contemporáneos, en sus diversas manifestaciones, corrientes, formatos, soportes y géneros como a los que se dedican a distintas disciplinas: la pintu­ra, la escultura, la fotografía. Son decenas y decenas de excelentes creadores y resulta imposible citarlos a todos y analizar particularmente a cada uno.

El complejo mundo de un negocio desconocido para la mayoría, pero valorado como resguardo a futuro.

Las preguntas surgen rápidamente: ¿hay mercado del arte en Mendoza? ¿Los artistas mendocinos ven­den? ¿En qué se basan los precios, cuánto se paga, qué se vende, quiénes venden?
Para adentrarse en este negocio, ineludiblemente hay que recurrir al off the record, y quizás es lógico: los nombres de los compradores, los valores que se manejan y las formas, hacen que se profundice la pruden­cia. Pero se puede trazar un panorama de qué pasa hoy en Mendoza.

¿Qué se vende, quién vende?
Actualmente el mercado del arte en Mendoza parece estar circunscripto fundamentalmente a la pintura. Las fuentes consultadas por EE para esta nota –todos reconocidos protagonistas en este rubro– coincidie­ron en que los cuadros sacan ventaja considerable a los escultores, y están de acuerdo en que los artistas que más venden hoy son precisamente unos pocos pintores.

El top five del momento, según coinciden varios de los conocedores, está compuesto por Eduardo Hoff­mann (primer artista latinoamericano en vender una obra en Nueva York a precio récord), Sergio Roggero­ne, Rodrigo Scalzi, Osvaldo Chiavazza y Gustavo Coppoletta. Pero otros incluyen a Alberto Thormann, Fer­nando Rosas, Viviana Herrera, Antonio Sarelli, José Scacco, Ángel Gil, Alfredo Ceverino, Florencia Aise, los Hocevar, los Arcidiácono y Daniel Barraco, entre muchos otros, y nadie olvida a los clásicos Fernando Fader, Roberto Azzoni, Cristian Delhez, Roberto Cascarini, o a los contemporáneos más relevantes que emigraron como Julio Le Parc, Carlos Alonso o Luis Scafati.

Mendoza tiene gente que sabe de arte, que entiende de arte, que compra arte, que invierte, y además gen­te que por moda también se vuelca a comprar arte, sobre todo pinturas, “que te visten la casa”, aseguran los consultados.

Hoy el mercado se maneja fundamentalmente a través de dos canales: las muestras y la venta directa. Es­to lo hacen muy bien los propios artistas, y algunos por medio de “representantes”.
Los compradores de arte son, por un lado empresarios coleccionistas, atentos al negocio y que realmente lo conocen, y otro sector que para no ser menos, copian esos pasos y también adquieren obras de los ar­tistas de moda para mostrar en espacios destacados. Otro segmento que crece son los jóvenes empresa­rios y profesionales, de entre 35 y 45 años; tienen cierto conocimiento y toman el arte como inversión y ob­jetos de buen gusto. Las estrategias de venta son similares para casi todos los segmentos. Por un lado, los galeristas que priorizan las invitaciones a posibles compradores y a quienes pueden difundir la muestra y recomendar compras o sugerir artistas a potenciales compradores.

Las muestras no son un lugar de venta directa –todos coinciden que es muy raro vender a primera vista–, pero sí son un espacio para el inicio de operaciones y negociaciones. También hay consenso entre los con­sultados, en que el trabajo de venta es difícil y costoso. Un motivo posible: se busca el arte como inversión y lujo, pero a los artistas pretenden pagarle lo mínimo posible y menos.

Si bien se pagan sumas que pueden parecer importantes por obras de artistas reconocidos, también suce­de que una vez que la obra está en manos del coleccionista su valor puede aumentar por arriba del 50%, dependiendo de diversos factores.

Otro camino es directo de gente que sabe quién está en boga o se destaca y busca llegar al artista. Pero también hay artistas que se enteran que tal o cual empresario o coleccionista está comprando y buscan el contacto con ellos para ofrecerles su obra. Hoy hay obras de los más reconocidos que cotizan a entre 15 mil y 50 mil pesos. También se negocian obras menores en tamaño o artistas emergentes a partir de los 1.500 pesos, y con formas de pago que admiten hasta el trueque. Un caso: hace poco un conocido pintor cedió una obra a cambio de un Fiat Palio.

No quedan dudas de que el mercado del arte es caprichoso, inestable y hasta raro en una provincia como Mendoza. Pero es cierto que eligiendo bien, asesorándose convenientemente y tomando algunos recaudos puede ser una muy buena y rentable inversión.

La puerta exterior
Hay un grupo de artistas, cuyos nombres no difieren pero que también han encontrado su puerta en el exte­rior. Así, Roggerone o Hoffmann son habitués de galerías de Nueva York, y Coppoletta viene de exponer con éxito de crítica comercial en Arabia Saudita. También Viviana Herrera en Punta del Este.

Fernando Gabrielli, mentor de la movida cultural de La Garita, en la estación de trenes de Belgrano y Las Heras, está al frente de la galería de Navarro Correas, destacada en el último año. Expresa que “hoy esta­mos muy baratos para el mercado internacional; hay artistas que están vendiendo a EEUU por 2.000 o 2.500 dólares”, y aunque parezca mentira en esto también tiene mucho que ver el fenómeno vitivinícola y las inversiones extranjeras, “porque los inversores o gerentes de las bodegas internacionales están com­prando obras para llevarse a sus casas de origen. Ellos son muy buenos conocedores y consumidores y saben que el arte latinoamericano siempre ha sido bien valorado en EEUU”, agrega. Gabrielli destaca como positivo la decisión del Estado de invertir en arte, hecho que vino de la mano de la Comuna de Mendoza con los murales de los balcones municipales, algo que hace mucho no ocurría.

“Pudimos hacer entrar al mercado del arte al Estado, en este caso municipal, que lo entienda, y eso es un paso adelante”.

Gabrielli destaca como importantes lugares de exposición a Killka, Navarro Correas y el Hyatt. “En los últi­mos dos años logramos la muestra de Hoffmann, que hacía muchos años que no exponía en Mendoza, y en el 2009 juntamos a Roggerone, Coppoletta, Scalzi y Chiavazza, los artistas más importantes de hoy jun­tos, y eso marcó un hito”. Gabrielli destaca que “muchas bodegas tienen arte, no todas con el concepto de muestra sino de decoración, aunque están ofreciendo un espacio al arte”.

Poder y status
Daniel Augusto Rueda es abogado y marchand, y hasta hace poco funcionario de la Secretaría de Cultura provincial. Escribió un artículo sobre el mercado del arte en la revista del Colegio de Abogados de Mendo­za. Allí afirma que “el arte es más estable que la bolsa y mucho menos sensible a las crisis económicas y políticas”. Asegura que poseer “una obra de arte con proyección económica puede dar una plusvalía signifi­cativamente superior a la que se obtendría con muchas otras modalidades de inversión”.

Rueda dice que “invertir en arte representa un área de gran sensibilidad y prestigio, y da poder y status”.

El abogado afirma que conoce casos de empresarios que “quitan horas a su trabajo y empresas para pre­sentarse en el atelier del artista luego de visitar una exposición o galería donde medió un interlocutor, propo­niéndole al artista evitar la comisión del agente”.

Finalmente dice que al mercado del arte ha contribuido a formarlo “el frecuentar museos y espacios de ar­te, galerías y talleres de artistas, actividad que resulta fundamental para educar el gusto y conocer el mer­cado en formación”.

María Julia Godoy, una especialista

María Julia Godoy es martillera pública y art dealer, que desarrolla su actividad como organizadora y cura­dora, mientras que arma el calendario de la sala de arte de la Caja de la Salud. Con respecto al mercado lo­cal del arte contemporáneo, dice: “Tenemos pocos coleccionistas y en general compran muchas obras fue­ra de Mendoza. No tenemos un mercado de movimiento permanente y eso hace que no exista una marca­da coherencia en los precios y en las posibilidades de comercialización. Sin embargo, la situación actual es mejor que la de hace pocos años, y las posibilidades de desarrollo para este año son muy buenas. Hay un mercado con artistas emergentes, y comienza a haber compradores para todo tipo de arte. También te­nemos artistas de calidad para todos los gustos y posibilidades económicas. Hay buenas obras que arran­can con precios de 800 y 1.000 pesos hasta 6.000 o más. También está surgiendo un público nuevo, joven, compradores que son los nuevos empresarios. Hace falta más movimiento, y hay que ampliar el mercado del arte y hacer lugar a más artistas. Algunos de los más buscados son Alberto Thormann, Fernando Ro­sas, Guillermo Rigattieri, Antonio Sareli. Pero hay varios más que interesan a coleccionistas y comprado­res de arte contemporáneo.

Entrevista a galerista con sede en el Hotel Alvear/BA<br />

Maximiliano Ares es el propietario y director de la Galería Azur, ubicada en la Recoleta, que realiza sus muestras en su departamento del Hotel Alvear de lBuenos Aires. Ares se crió en un entorno de obras de ar­te y antigüedades, y siempre se sintió atraído por la pintura argentina.

En 1997 fundó Galería Índigo Arte, con exhibiciones de trastienda y muestras individuales de artistas argen­tinos y rioplatenses, en la calle Arroyo 826.

Desde el año 2002 realiza remates privados en el Hotel Emperador y lleva 10 años de actividad, con más de 70 exitosos eventos de venta.

En enero de 2008 encaró un nuevo proyecto: Galería Azur que realiza eventos de venta por subasta de una selección de obras de consagrados maestros argentinos. Ares diálogo con Entorno Económico sobre el ar­te mendocino y su inserción en el mercado nacional.

–¿Cuál es el concepto e inserción que tienen en los especialistas y consumidores el arte mendocino y los artistas mendocinos contemporáneos?
–En el caso de los grandes maestros que de alguna forma se relacionan con Mendoza y sus paisajes (Fa­der, Alonso, Koek, Aquino, etc) noto una buena respuesta del público que frecuenta y adquiere arte argenti­no. En el caso de los mendocinos contemporáneos veo más dificultosa su inserción en el mercado de arte. Esto no es una particularidad de los artistas mendocinos en sí, sino una generalidad de los artistas emer­gentes actuales. Vale aclarar que existen, desde ya, contadas excepciones.
–¿Como calificaría el mercado mendocino de arte?
–No me considero un gran conocedor del arte mendocino en sí. Considero de todas maneras que hay un grupo de artistas que se están ganando su lugar en el mercado del arte. Entiendo que Arteba es una buena vidriera para estos artistas, ya que es una feria que trabaja con estándares de feria a nivel mundial, y es allí donde se define el panorama del mercado del arte local.
–¿Que artistas de Mendoza alcanzan valores importantes de mercado?
–Fuera de los grandes maestros, no circulan gran cantidad de obras de artistas contemporáneos en la pla­za de la subasta, que es el ámbito en el cual nos movemos.
–¿Que deberían hacer los artistas de Mendoza para insertase el mercado del arte nacional e internacional?
–Buenos Aires es el polo cultural más importante del país. Eso define un poco la estrategia de varios artis­tas provenientes de diversas provincias que instalan sus talleres en Buenos Aires o que siguen o culminan sus estudios aquí para luego tratar de insertarse en el mercado del arte. Cuando el artista logra consolidar­se en el ámbito local, es cuando comúnmente intentan lanzar su carrera internacional. Muchas veces la suerte depende de muchos factores, como la elección de la galería o marchand que le maneja la obra, o la cantidad de exposiciones que logre el artista en su estadía en el extranjero.

Profundizando en el negocio del arte
Sarah Thornton realizó una tarea de profundidad en un tema al que nadie se quería asomar, simulando ser crítica de arte y compradora durante cinco años.
El mundo cerrado del mercado del arte encierra secretos, y su lógica parece ser muy otra de la que todo el mundo cree. No son los conocimientos de los críticos, los análisis de especialistas en historia del arte, la tarea de los curadores, el talento de los artistas, lo que hace mover la rueda del negocio del arte.

A veces es la especulación, el engaño, la frivolidad, la explotación y en algunos casos más graves, la ilega­lidad lo que parece impulsar la máquina, que sólo deja ver la belleza en el negocio del arte.

Una visión de lo más oculto, de lo que nadie quiere mostrar, dentro de este negocio.

En el libro “Siete días en el mundo del arte” (de editorial Edhasa), Thornton traza el panorama, oscuro por cierto, del mundo oculto detrás de los cortinados del poder de los museos y galerías más importantes.

El boom del arte contemporáneo es uno de los fenómenos culturales más importantes en las últimas dos décadas. Y en Argentina no es tan distinto según testimonios.

El desarrollo de la “industria del arte” era algo que debía suceder. Para otros, que miran sólo la frivolidad, es como un apéndice de la industria de la moda, y para otros pocos interesados en el asunto, es apenas otra burbuja más en donde la especulación económica y financiera apostó algunos millones con el fin de resguardarlos en algo que es hasta novedoso y “cool”.

En cinco años, período que la autora del libro investigó, el negocio creció de 2.200 millones de dólares a 6.100 y las obras de algunos artistas aumentaron entre 20 y 80 veces. Otros, los menos y poco conoci­dos, se valorizaron hasta un 2.000%. Así, el arte contemporáneo pasó, luego de que los especuladores pu­sieran el ojo, de ser un entretenimiento a un bien de lujo.

Sarah describe lo que pasa en las subastas de Christie’s, en las editoriales especializadas, en las redac­ciones de las revistas más influyentes del reducido mundo del arte, en las academias y universidades, qué pasa con los premios de los concursos y en la más grande vidriera del arte mundial: la Bienal de Venecia. Los caprichos, las excentricidades y las estupideces de los artistas para lograr promocionarse también se pueden apreciar en este relato.

Las formas, la moral, las relaciones, por parte de la observación de la autora de esta investigación, son una manera de decodificar lo que pasa en este submundo que no está nada a la vista, a pesar de que todos ve­mos los resultados del arte.

Según la autora, los motivos por los que los coleccionistas compran son diversos: vanidad, estatus social, por sobrante de excedentes de dinero, esnobismo, pertenencia y filantropía.

“El arte se parece más a los bienes raíces que a las acciones. Algunos Warhols son como monoambien­tes en edificios a mitad de cuadra y con orientación norte, mientras que otros son como un penthouse con vista de 360 grados. Una acción de Cisco, en cambio, es para siempre una acción de Cisco y nada más”, explica un conocido gurú de subastas de arte.

El proceso de comprar y vender arte puede ser un camino lleno de misterios para el neófito. Los miembros de la Asociación Argentina de Galerías de Arte que reune a marchands o galeristas y dealers pivados, trabajan para asegurar que esa experiencia sea placentera y segura. Para tener un panorama completo se puede consultar «www.aaga.com».

Aquí un pequeño extracto-guia sobre qué tener en cuenta a la hora de llegar al mercado.
–¿Qué hay que mirar en una obra de arte para decidir comprar?
–Lógicamente, aparte del gusto personal, las claves a considerar cuando se evalúa una potencial compra son: autenticidad, calidad, rareza, condición, proveniencia y valuación.
-Autenticidad
Nadie quiere comprar una falsificación. Los marchands acceden a una fuente de información que puede ser usada para autenticar obras.
-Calidad
Siempre es prudente comprar lo mejor dentro de las posibilidades económicas.
-Rareza o atipicidad
La rareza tiende a incrementar o disminuir la valuación.
-La condición en la que se encuentra un trabajo es importante, y un marchand de reputación debe informar al comprador de cualquier restauración y/o defecto significativo.
Proveniencia
Una buena proveniencia puede ayudar a establecer la autenticidad de la obra, como también su inclusión en una exhibición importante. Puede incrementar su linaje a través de documentación y certificados curatoriales probados.
Valuación
Particularmente cuando los precios están en alza, la idea del “arte como inversión” gana credibilidad. De cualquier manera, las colecciones armadas con sólo la esperanza de una ganancia financiera, generalmente resultan ser inversiones pobres.

“Quiero comprar un cuadro”
Según los entendidos, en el negocio del arte hay varios puntos a tener en cuenta a la hora de invertir.

Lo primero y principal es recurrir a especialistas reconocidos, de trayectoria y con un historial respaldado por personas de confianza. Con ese asesoramiento lo que hay que buscar es una obra en donde se pueda analizar: la trayectoria del artista, sus precios históricos, la calidad de la obra y dónde fue exhibida.

La compra de arte con criterio de inversión no está regida por parámetros de gusto individual del compra­dor. El conocido empresario propietario del Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), Eduardo Costantini, en contraposición a la AAGA, es contundente: “Si usted busca de acuerdo a su gusto, no tiene que ir a una galería de arte. Es mejor que compre algo en la heladería”.

Los que saben dicen que este es un negocio para personas que tienen paciencia, ya que se apuesta a lar­go plazo.
Adquirir arte puede ser un acto de satisfacción cultural y también un negocio redituable.

A partir de la crisis del 2001, mucha gente que tenía un excedente de capital y no sabía cómo resguardar­se optó por comprar arte, y no sólo puso a salvo el capital, sino que con el tiempo, resultó con una rentabili­dad que lo transformó en buen negocio.

El negocio del arte contemporáneo es lento pero que poco a poco va ganando adeptos y conformando una opción alternativa a las tradicionales.

Teniendo en cuenta estos conceptos, podríamos afirmar que este tipo de inversión, cuando está en manos de personas responsables, es un complemento seguro para resguardar excedentes de capital, en un rubro que no tiene tantos riesgos pero que es rentable sólo a largo plazo, y en la medida en que el inversor esté atento a las tendencias del mercado.

Natalia Da Rold, galerista de arte

Natalia Da Rold es galerista de arte en Mendoza y fue entrevistada por Entorno Económico. Habla del mer­cado local y de las perspectivas a futuro. “Se cerró un año positivo para el mercado del arte local, a pesar de la crisis; se mantuvo la demanda y las inversiones en arte se convirtieron en alternativa segura. A nivel nacional se superaron las expectativas del último trimestre del 2009 en subastas privadas. Se trata de un buen negocio, puesto que en los análisis económicos y estadísticos de agencias especializadas, el arte presenta revalorizaciones en torno al 15%. Los que quieren invertir en arte tienen que saber que optar por un consagrado supone montos más altos pero representa seguridad. Comprar obras de artistas emergen­tes aumenta el riesgo y se necesita tiempo para acompañar el proceso del artista. El mercado de arte está en pleno crecimiento. Se encuentra en un excelente momento, además de prometer un crecimiento que va a continuar. Adquirir obras de arte significa una magnífica inversión económica y el disfrute, siempre que se lo desea, por su virtud de la permanencia”.

Fuente: http://entornoeconomico.com/2010/02/inversiones-el-mercado-del-arte/